Es imprescindible dejar de pensar en la educación ambiental como una área más del currículo. Si lo que queremos realmente es un desarrollo sostenible, que verdaderamente se sostenga en el tiempo, debemos volcarnos sobre nuestras certezas, reconociendo lo que no conocemos sobre nuestro conocimiento, para que desde ellas construyamos el desarrollo que cada uno quiere para sus vidas y para sus hijos. Una de las tantas tareas para ésto, es generar una educación ambiental capaz de subir en el escalón curricular, que permita llevar a cada disciplina, a cada tipo de conocimiento al ambiente; para que se reconozca sus relaciones y permita ser integral, es decir, para que se constituya una educación ambiental reconociendo el ambiente y para el ambiente; para entender nuestro entorno y como nuestros pensamientos y prácticas tienen consecuencia como el efecto mariposa, en todo el ambiente y, obviamente en nosotros mismo. Es una tarea sumamente difícil, pero es un desafío prudente para hacer frente a la crisis ambiental, que como hoy somos parte.
Asimismo, es deber generar una educación ambiental contingente a cada lugar; contextuado a cada establecimiento, que permita captar la diversidad de las personas y su punto de vista; que permita integrar las diferencias personales; que integre las subjetividades, para rodear la comprensión cabal del entorno y el ambiente. Por lo mismo, la educación debe ser capaz de explotar las diferencias personales, para permitir ser competitivos desde ellas.
Asimismo, es deber generar una educación ambiental contingente a cada lugar; contextuado a cada establecimiento, que permita captar la diversidad de las personas y su punto de vista; que permita integrar las diferencias personales; que integre las subjetividades, para rodear la comprensión cabal del entorno y el ambiente. Por lo mismo, la educación debe ser capaz de explotar las diferencias personales, para permitir ser competitivos desde ellas.